La conciliación tributaria
La conciliación tributaria
12 Ago 2016

Juan Carlos Basurco, Tax & legal director, 02 de marzo del 2016

En estos días cercanos a la presentación de la declaración jurada del Impuesto a la Renta (IR), mucho se habla sobre la conciliación tributaria, la cual representa un mecanismo de ajuste voluntario que debe realizar cada contribuyente generador de rentas de tercera categoría (rentas empresariales), a fin de obtener la renta neta imponible sobre la base de la depuración de los ingresos y gastos, y que sobre dicho concepto se aplicará la tasa del IR que para el ejercicio 2015 asciende a 28%.

Como es de conocimiento, la “utilidad financiera” es el resultado de las operaciones del ejercicio gravable determinado de acuerdo a principios de contabilidad generalmente aceptados. Obviamente este resultado en algunos casos puede ser de pérdida o utilidad; siendo de ese modo, éste resultado financiero el punto de partida para iniciar la conciliación tributaria, la cual tendrá por objetivo obtener la “utilidad tributaria” conocida también como renta neta imponible.

En otras palabras, la “utilidad tributaria” es el resultado que se obtiene de aplicar las normas tributarias frente a la metodología contable y sobre la cual se determinará el IR del ejercicio gravable.

Básicamente, en este punto, el procedimiento consistirá en excluir a los ingresos contables que pudieran estar exonerados o no gravados con el IR, y a su vez incluir aquellos “gastos contables” cuya deducción está prohibida por ley o sujeta a alguna forma de limitación en su deducibilidad.

Ciertamente, el registro contable de operaciones bajo principios de contabilidad puede determinar, por aplicación de las normas contenidas en la legislación fiscal, diferencias temporales y permanentes en la determinación de la renta neta. En consecuencia, salvo que la legislación fiscal condicione la deducción al registro contable, la forma de contabilización de las operaciones no originará la pérdida de la deducción.

De esa forma, tales diferencias –vale decir, temporales o permanentes- darán lugar a conciliar en la declaración jurada anual, la “utilidad contable”, para que de ese modo, se pueda obtener la base imponible del IR de tercera categoría o “utilidad tributaria”.

Es importante precisar que la “conciliación tributaria” se efectúa en cada ejercicio gravable, considerándose que para estos efectos, la legislación tributaria establece que el ejercicio gravable comienza el 1° de enero de cada año y finaliza el 31 de diciembre, debiendo coincidir en todos los casos el ejercicio comercial con el ejercicio gravable, sin ninguna excepción a esa regla.

Lo anterior, es fundamental para comprender que, a fin de conocer aquellas rentas que deben imputarse en cada ejercicio gravable, nuestra legislación consagra que las rentas de tercera categoría se considerarán producidas en el ejercicio comercial en que se “devenguen”; con lo cual cabe resaltarse que el “principio de lo devengado” es el criterio rector que debe aplicarse en la imputación de estas rentas. Siendo esto así, se debe entender que las rentas empresariales se imputarán al ejercicio gravable en que cierran su ejercicio comercial y siempre que además estas se hayan devengado en dicho período fiscal.

Es pertinente precisar que el “principio de lo devengado”, es reconocido en las normas tributarias pero no está definido específicamente y con detalle en las mismas, por lo cual se debe recurrir a las normas contables para delinearlo y conocer sus alcances precisos para cada caso concreto.

Por último es importante indicar que para la “conciliación tributaria” se debe considerar otro principio elemental (“principio de causalidad”), por medio del cual sólo serán deducibles los gastos directamente necesarios para generar renta gravada con el IR, en tanto su deducción no esté prohibida por ley.

En consecuencia, bajo el procedimiento de conciliación tributaria, los contribuyentes podrían evaluar considerar los siguientes criterios generales:

Detraer de la renta neta, la participación en las utilidades de los trabajadores.

Excluir el valor total de los dividendos percibidos de otras sociedades.

Agregar los gastos no deducibles, tanto aquellos efectuados en el país como en el exterior.

Sumar los gastos incurridos para la generación de ingresos no gravados con el IR.

Adicionar cualquier ajuste derivado de la metodología de precios de transferencia por transacciones entre partes vinculadas.

Optimizar las ventajas que otorgan las normas que consagran deducciones fiscales con limitación, como por ejemplo, los gastos por dietas de directorio, así como los gastos de capacitación, movilidad, recreativos y publicidad, entre otros.

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